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En el marco de la LXVII Reunión Anual de la SEN

Merck organiza un taller sobre tratamiento precoz en esclerosis múltiple

En veinte años, la esclerosis múltiple (EM) ha pasado de ser una enfermedad sin tratamiento a contar con más de diez posibles opciones terapéuticas en el caso de la EM recurrente remitente, como ha quedado patente en el simposio ‘Tratamiento precoz que impacta a largo plazo’, que Merck organizó en la LXVII Reunión Anual de la Sociedad Española de Neurología (SEN) en Valencia.

Entre los factores que determinan la elección de uno u otro tratamiento, el doctor del Departamento de Neurología del Hospital Raigmore (Reino Unido), Javier Carod, enumeró el grado de actividad de la enfermedad y la eficacia en la prevención de recidivas y de la progresión de la discapacidad.

Por su parte, el doctor de la Unidad de EM ‘EMxarxa’ del Servicio de Neurología del Hospital de Bellvitge, en Barcelona, Sergio Martínez, añadió que “lo que debe guiar la decisión de tratar es la relación entre el beneficio esperado y el riesgo que asumimos. Una vez diagnosticada la enfermedad y se esté seguro de que se encuentra en una fase activa, cuanto antes se inicie el tratamiento adecuado, antes empezaremos a controlar sus efectos”.

Los nuevos fármacos pueden tener un perfil mayor de efectos secundarios

La seguridad de los tratamientos es uno de los aspectos básicos que modulan la decisión acerca del tratamiento más adecuado. Como recordó el doctor Carod durante el simposio: “Los pacientes con elevada actividad de la enfermedad se pueden beneficiar de tratamientos más agresivos, de carácter inmunosupresor. Sin embargo, estos nuevos fármacos pueden tener un perfil mayor de efectos secundarios a corto, medio y largo plazo. Aunque los pacientes que sufren formas más agresivas o activas de la enfermedad están interesados en un rápido control de los brotes, el tratamiento con fármacos inmunosupresores puede asociarse con un riesgo de padecer infecciones, neoplasias y leucopatia multifocal progresiva (LMP)”.

Por otro lado, el doctor del Hospital Raigmore señaló que “los pacientes con formas menos agresivas prefieren un fármaco inmunomodulador de primera línea, cuyo perfil de eficacia y seguridad se conoce mejor a largo plazo”. Por todo ello, la decisión sobre el tratamiento en EM debe ser consensuada entre médico y paciente.

En el aspecto médico, “siempre existe preocupación por el riesgo de efectos adversos que pueden aparecer a largo plazo. Toda decisión terapéutica debe ser un equilibrio entre seguridad y eficacia, y el mecanismo de acción puede influir en el balance seguridad/eficacia. De hecho, los fármacos inmunomoduladores clásicos se asocian con un mejor perfil de seguridad en comparación con los fármacos inmunosupresores”, añadió Carod.

Fuente: actasanitaria.com

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